Prueba: Ford Mustang 5.0 V8 GT Convertible

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Prueba: Ford Mustang 5.0 V8 GT Convertible

03/07/2019 / 0 Comentarios / 429 / Pruebas
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El Ford Mustang ha sido un icono de la automoción mundial desde su nacimiento, allá por los años 60´s en Estados Unidos. Pero no lo ha sido tan solo en su tierra patria, sino que es uno de los modelos más reconocidos y reconocibles a nivel mundial.

La verdad es que hablar del Ford Mustang es hablar de uno de los precursores del movimiento «Muscle Car» o «Pony Car» que poblaron el nuevo continente a mediados del siglo pasado y cuyos máximos exponentes siempre han sido modelos coupés de grandes motores, grandes potencias, rotundos diseños y extremas sensaciones como el Chevrolet Camaro, el Corvette, el Dodge Challenger o el Ford Mustang.

Estos modelos de renombre y conocidos en todo el globo, fueron muy populares (y lo siguen siendo) en E.E.U.U. pero por desgracia, el resto de los mortales del resto de latitudes, tan solo podíamos soñar con ellos o disfrutarlos en las innumerables series o películas que tenían a esos coches como protagonistas principales.

Muy de vez en cuando algún valiente se atrevía a importarlos y podíamos verlos y escucharlos en directo, si teníamos la fortuna de encontrarnos con alguna de estas joyas circulando. Pero eran unas auténticas rarezas, porque entre homologaciones, transporte, aranceles y demás, prácticamente doblaban su precio original y se convertían en caprichos muy caros, tan solo asumibles por las carteras más abultadas.

Pero por suerte, en un mercado globalizado como en el que estamos viviendo en la actualidad, a los responsables de Ford se les encendió la bombilla y pensaron que sería muy buena idea que el laureado Mustang se pudiera comercializar en todas las regiones del mundo y, con pequeños ajustes, adaptarlo a los diferentes mercados sin que hubiera la necesidad de sufragar gastos innecesarios por parte del cliente en según que región o punto del globo se encontrase.

Gracias a este dato hoy os podemos ofrecer la prueba del mítico Ford Mustang. Pero no precisamente de una versión «descafeinada» (por la cual también tenemos mucho interés) pensada y alumbrada para los mercados fuera de Estados Unidos, con un motor 2.3 EcoBoost de 290cv, sino que hoy disponemos del plato fuerte de la gama; un 5.0 V8 atmosférico con nada más y nada menos que 450cv de potencia. Bueno, para ser justos, existe una versión con el mismo motor y 10cv más denominada Bullit, que ha sido la última en llegar y corresponde a una edición especial conmemorativa de una de las películas más famosas de los 70´s, en la que el Ford Mustang compartía protagonismo con el, también mítico, Steve McQueen.

Pero no contentos con disponer de la mecánica más poderosa, también tuvimos la oportunidad de disfrutar del sonido y las sensaciones sin filtros ni limitaciones, ya que nuestra unidad correspondía también a la versión descapotable. Así que vamos ha sentarnos, vamos ha retirar la capota y vamos ha disfrutar de parte de la historia más apasionante del motor en el país de Donald Trump.

El diseño del Ford Mustang es reconocible allá por donde pase, ya que a pesar de su longevidad y los nuevos tiempos, se mantiene fiel a su estilo original, en mayor o menor grado. Sin lugar a dudas el poderoso frontal es marca de la casa, aunque como es de rigor, los grupos ópticos han ido evolucionando desde un origen redondo, hasta alcanzar la sublime expresividad de los nuevos pilotos con tecnología Full Led inteligentes de la nueva generación.

Son unos faros rasgados, con mucha fuerza visual, que junto con el resto de los trazos del frontal, nos trasladan a imaginarnos a una cara con el ceño fruncido y dispuesta a ir al ataque siempre. La parrilla, con acabado en negro brillante y al estilo panal de abeja, con el caballo Mustang (una raza autóctona) trotando, es la seña indiscutible de que estamos ante parte de la historia más excitante del mundo del automóvil moderno.

El paragolpes también está muy bien estructurado y nos transmite poderío por todos los ángulos. Incluye los intermitentes y cuenta con varias toberas de refrigeración para ventilar los diferentes componentes mecánicos e incluso, los espectaculares frenos del tren delantero. En la base, tenemos un labio inferior muy voluminoso que cuenta con funciones aerodinámicas y favorece el efecto suelo a las velocidades más elevadas. Culmina esa poderosa vista, un capó delantero muy alargado y voluminoso que también dispone de sendos apliques destinados a disipar el calor extra que genera la impresionante mecánica, que por cierto, es muy elevado.

En el lateral la indudable y, también muy reconocible, silueta coupé de antaño se mantiene. Es una plataforma alargada de 4,79 metros de longitud y tres volúmenes, con un capó muy prolongado, ya que sino no podría alojar al enorme motor de sus entrañas, una distancia entre ejes de 2,72 metros y maletero. Obviamente, al ser la versión convertible, contamos con un techo de lona con una buena estanqueidad pero que acompaña y se funde a la perfección con el resto de los trazos generales de la carrocería.

Esos trazos son de carácter neutro. Dispone de nervaduras y líneas de tensión muy marcadas y potentes, pero no cuentan con ningún tipo de experimento en materia de diseño. Son unos trazos clásicos de coupé convertible. Motor delantero, habitáculo algo retrasado y tracción trasera. Las llantas, en nuestro caso, eran de 19 pulgadas, montadas en neumáticos 275/40 detrás y 255/40 delante, en donde podíamos ver las impresionantes pinzas de freno de alto rendimiento, firmadas por el especialista Brembo.

La trasera es quizás la parte más característica y la más reconocible en la distancia, porque a lo largo de los años los originales faros se han mantenido en su diseño, aunque con las evoluciones pertinentes. Las tres lamas que los componen son de tecnología LED y evidencian, sin ninguna duda, que estamos ante un Mustang auténtico, ya que no existe otro coche con este tipo de firma lumínica en el mercado.

El paragolpes trasero es muy voluminoso y contiene las luces antiniebla y las de marcha atrás en el centro enclaustradas en un difusor de aire que favorece el efecto suelo en la zaga. También nos llama poderosamente la atención la doble salida de escape con tubos muy grandes que ya nos dan la certeza de que no es una edición de «paseo» y cuyo sonido además, podemos variarlo a nuestro antojo por medio de las diferentes opciones del sistema de control del Ford Mustang.

En este caso disponemos de cuatro sonidos muy bien diferenciados. Contamos con el modo silencioso, desarrollado para no despertar a los vecinos de la urbanización cuando arrancamos la impresionante mecánica temprano (todo un detalle); el modo normal, que ya de por si emana un sonido embaucador; el modo deportivo, que se nos vuelve aún más bronco y el modo circuito, en donde debemos procurar que no haya nadie cerca si no queremos que nos demanden por destrozarles los pabellones auditivos. Realmente delicioso y malévolo a la vez…

Ya que estamos aún detrás, abrimos la tapa del maletero y ahí empezamos con esos pequeños detalles «yankees» que se podían currar un poco más. En el centro de la tapa del maletero, nos encontramos con la chapa GT correspondiente al modelo de nuestra prueba, pero de ahí no se abre, sino que el botón de apertura esté en el perfil superior del paragolpes y después debemos abrir la tapa de forma individual.

No pesa absolutamente nada y parece de fibra o de plástico, en pos de ahorrar peso en el conjunto. También observamos ciertos detalles que son bastante prescindibles en un vehículo de esta categoría y pretensiones, como un tapizado bastante básico o una especie de cuerdas, que realmente no tengo ni idea para qué servían, pero es que la percepción americana sobre los coches, es muy diferente a la europea o japonesa. Descubrimos una boca de carga un tanto angosta y un espacio correcto de 410 litros de capacidad aunque en este caso, con una superficie irregular y relativamente mal aprovechado. En uno de los laterales observamos el subwoofer del excelente equipo de audio Bang & Oluffsen que monta de serie.

Abrimos las enormes puertas para acceder al interior y nos reciben unos espectaculares asientos deportivos tapizados en cuero, con una gran (aunque mejorable) sujeción lateral, de regulación eléctrica para todos sus puntos y, en nuestro caso, también eran calefactados y ventilados en tres intensidades. Las plazas traseras en este caso son testimoniales, ya que en muy contadas ocasiones, ni siquiera un niño podría acomodarse mínimamente bien. Aunque me hace gracia, porque son dos asientos individuales a los que se les adivina una gran comodidad, pero es que no existe espacio físico para las piernas.

El coche es bastante bajo y deportivo, así que la posición de conducción es la típica de este tipo de vehículos, con las piernas muy estiradas y nuestras posaderas muy cerca del suelo. Es bastante fácil encontrar la postura correcta en muy poco tiempo, aunque debido a una luna muy inclinada y a un habitáculo relativamente retrasado, da igual cómo nos pongamos, que la referencia del final del «morro» de nuestro Mustang no la vamos a percibir nada más que a ojo. Cuestión de acostumbrarse.

Encontramos un salpicadero en posición muy vertical, con todos los mandos muy a mano y bastante fáciles de interpretar. Los materiales utilizados son plásticos de diferentes calidades e inserciones de aluminio pulido en algunos paneles, con acabados que cumplen con los estándares mínimos, pero que no destacan para nada por suntuosidad o percepción premium. Todo está diseñado y pensado para disfrutar conduciendo y darlos un uso intensivo, por lo que la solidez ha precedido a la vistosidad. No obstante son muy agradables al tacto, resistentes al uso y con unos ajustes correctos.

Descubrimos un nuevo panel de control digital, que sustituye a los ya «jurásicos» indicadores analógicos. Su vistosidad es más que evidente, es configurable en varios niveles y su originalidad nos encanta, con un indicador de revoluciones que se extiende por todo el panel y que nos evoca al mundo de la competición. Nos ofrece una información completísima en todo momento, con las letras de los menús disponibles en el ordenador de a bordo muy grandes y legibles. El único problema es que son tantos y tantos los menús disponibles, que estaremos un tiempo configurando nuestro vehículo antes de salir de viaje.

En la consola central, la pantalla táctil de 8 pulgadas del equipo de infoocio es la que cobra todo el protagonismo y nos ofrece las imágenes correspondientes al navegador o la cámara trasera de ayuda al aparcamiento y tiene una calidad de imagen correcta, sin ningún alarde ni artificio. Es un sistema intuitivo y fácil de manejar, que huye de menús y submenús complejos.

Debajo observamos los mandos correspondientes al sistema de audio y climatización bizona y los correspondientes a los asientos calefactados y ventilados, además de una fila de teclas muy apetecible.  Al lado del botón de arranque, disponemos de los intermitentes de emergencia, o la desconexión del ESP, pero también otros dos mandos que interfieren en la dureza de la dirección y los modos de conducción.

La dureza de la dirección podemos variarla en tres niveles: Comfort, Deportiva y Circuito y disponemos de aún más modos de conducción, entre Normal, Sport, Sport Plus, Circuito, Carril de arranque o Nieve. Me llamó especialmente la atención el modo Carril de arranque, ya que es un modo muy específico para realizar carreras en paralelo que se combina muy bien con otras aplicaciones del sistema como la aplicación que tiene para bloquear los frenos del tren delantero y «quemar rueda» o el Launch Control, con el que podremos acelerar de 0-100 Km/h en 4,3 segundos.

Y es que todo en este Ford Mustang GT está pensado desde una mentalidad de carreras y dispone de muchas aplicaciones de medida como cronómetros para medir la vuelta en un circuito, la capacidad de aceleración de 0-50, de 0-100 y demás, la distancia de frenado de 50-0, de 100-0…, las fuerzas G soportadas en curva e incluso, los parámetros concernientes al funcionamiento de la mecánica a tiempo real, como la temperatura del aceite, el aire de admisión, del cabezal del cilindro… Vamos; todo un alarde de información más propio de las carreras que de un vehículo de calle.

De todas formas, e independientemente de la configuración Racing que pueda tener el Ford Mustang GT, el equipo de serie orientado al confort era muy amplio y entre otras cosas, disponíamos de serie navegador, equipo de infoocio con pantalla táctil de 9 pulgadas, ordenador de a bordo, ayuda de arranque en pendiente, asistente de cambio involuntario de carril y mantenimiento de carril, sensor de aparcamiento trasero con cámara de visión trasera, asistente de frenada de emergencia, llantas de 19 pulgadas, control de presión de neumáticos, control de velocidad de crucero adaptativo, tapicería de cuero, asientos delanteros eléctricos, calefactados y ventilados, apertura y arranque sin llave, faros delanteros y traseros LED, frenos Brembo, 5 modos de conducción, diferencial autoblocante trasero o escape deportivo, por poner unos pocos ejemplos.

El motor es una auténtica obra de arte. Se trata de un impresionante 5.0 V8 atmosférico con 450cv y un par máximo descomunal de 529 Nm, que transmite al eje posterior y está asociado a una novedosa caja de cambios automática de 10 relaciones, con la posibilidad de accionarla de manera manual por medio de las levas existentes detrás del volante.

Podemos alcanzar así los 250 Km/h de velocidad punta, acelerar de 0-100 Km/h en tan solo 4,3 segundos y dilapidar el deposito de combustible de 61 litros en el orden de los 12,1 l/100 Km en muy poco tiempo. Y es que si las prestaciones son espaciales, los consumos en una mecánica con semejante potencial y una capacidad de cilindros estratosférica también lo son.

Vamos ha ponernos en marcha. Descubrimos la capota (que para eso es verano y llevamos un descapotable muy molón) y… ¿Este tirador?. Vale; para ajustar y desenclavar la capota, que sí tiene accionamiento eléctrico, debemos tirar de una especie de tirador de plástico bastante grande, que nos asegura una gran estanqueidad y un buen ajuste, pero que en otros vehículos no es necesario y todo se realiza de forma eléctrica. Una vez liberada la capota accionamos el botón para esconderla y la verdad es que es una accionamiento bastante rápido, pero ese pequeño detalle en el siglo XXI…

Arrancamos el poderoso motor y el rugido es más que evidente. Los escapes están en modo deportivo, la dirección está en modo deportivo y mi mente está en modo deportivo. Vamos allá.

La respuesta es muy contundente, pero relativamente progresiva. Si andamos con tiento sobre el pedal del acelerador, nos ofrece una aceleración rápida pero perfectamente dosificable, aunque si lo hundimos contra la moqueta, los ojos se nos salen de las cuencas y se nos sitúan en la nuca en un santiamén eso sí; con un sonido embaucador procedente directamente de las profundidades del infierno.

La sonrisa se nos perfila de oreja a oreja, pero debemos concentrarnos que viene una carretera con curvas. Vamos a ello. La dirección es directa, aunque me pareció un tanto artificial. Comenzamos con precaución tomando la medida y las referencias del «pequeñin». Es evidente que es un coche grande y pesado, pero también hablamos de un conjunto muy equilibrado capaz de ofrecernos un paso por curva increíble una y otra vez.

El aplomo es considerable y daba igual a qué velocidad pasáramos por la curva y el potencial que se transmitía a las ruedas posteriores, que el Mustang lo hacía sin más. No existía ninguna muestra de sobreviraje y el diferencial autoblocante no dejaba que la caballería se desbandase en ningún momento y nos provocara una situación de crisis o de miedo.

La amortiguación era especialmente firme y nos dejaba percibir con nitidez lo que ocurría debajo del vehículo, algo que también es de rigor en un vehículo con estas pretensiones. De todas formas, existe la posibilidad de adquirir este modelo con una suspensión magnética que se adapta a todo tipo de asfaltos y nos ofrecerá una conducción más sosegada.

Los frenos firmados por Brembo, tienen un mordiente sublime y no acusan el uso intensivo. Además; con la configuración que llevábamos, en modo deportivo y el selector de la caja de cambios en modo Sport, cada vez que apurábamos las frenadas antes de llegar a una curva, nos provocaba el efecto de punta tacón en las reducciones, por lo que parecíamos, incluso, pilotos profesionales.

El Ford Mustang es todo un mito con el que hemos soñado muchas generaciones. Ahora podemos disfrutar de una parte de historia del automóvil moderno y además, hacerlo con los motores que causan furor en Estados Unidos.

El Ford Mustang GT descapotable de nuestra prueba, es un capricho muy apetecible y utilizable, que reúne una imagen espectacular, un comportamiento de bandera, una deportividad inigualable, una mecánica estratosférica y aún así, un precio de derribo, ya que podemos adquirirlo desde 52.900 Euros. ¿Quién es capaz de ofrecernos tanto por tan poco?. Os aseguro que la satisfacción y la felicidad que provoca este pedacito de historia, vale todos y cada uno de los euros que pagamos por él…

Raul Manso Ortega

Raul Manso Ortega

Apasionado del mundo del motor desde niño, intento plasmar mis inquietudes en Motorproyect.es y Motorproyect.com, para informar sobre coches de una manera personal y con un toque de humor. Apasionado también, del mundo de la gastronomía o el estilo de vida, mi meta es llegar a ser algún día el Jeremy Clarkson español, pero sin ser tan idiota...

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