Prueba: Suzuki S-Cross 1.4 VVT GLX

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Prueba: Suzuki S-Cross 1.4 VVT GLX

09/07/2019 / 0 Comentarios / 284 / Pruebas
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El Suzuki S-Cross es un crossover que engaña. Básicamente porque no sabría en qué segmento ubicarlo, ya que si hace unas semanas os presentábamos la prueba del Suzuki Vitara; con 4,3 metros de longitud, el S-Cross podría compartir segmento perfectamente con el histórico SUV de la marca, por lo que estaríamos hablando que entre los dos modelos podrían hacerse con un trozo del pastel importante entre sus competidores más directos, siempre a favor de la marca japonesa.

No obstante el concepto, el diseño, el rodar y las pretensiones de cada uno de los modelos de Suzuki está muy diferenciado y a pesar de que puedan compartir protagonismo dentro de una misma categoría, es bastante probable que la tipología de cliente entre ambos esté más que diferenciada.

El Vitara está más orientado (en la actualidad) a un público más jovial, con múltiples opciones de personalización, un diseño más fresco una gran estética SUV y unas medidas contenidas, con una gran versatilidad de uso y mecánicas muy coherentes. En cambio, el S-Cross se nos muestra como una alternativa más clásica y sobria, con un diseño atractivo pero más conservador y unos acabados más elaborados y neutros, muy del gusto de clientes más maduros que no quieren ser el centro de atención.

Se nos presenta como un concepto a caballo entre un SUV y un turismo, con una dinámica de conducción muy acertada y un rodar muy confortable. También podemos adquirirlo con tracción total, aunque sus capacidades camperas están un tanto más limitadas que en el Vitara, pero ese es un dato que engaña bastante, ya que su altura libre respecto al suelo es de 18 cm por lo cual, sin lugar a dudas podremos realizar incursiones fuera del asfalto sin apenas ningún tipo de percance y con ciertas garantías de éxito. Sin embargo, la posición de conducción está más próxima a la de un turismo convencional y no es tan erguida como la que podríamos obtener en un SUV auténtico.

Pero antes de meternos con sensaciones al volante, motor y demás, vamos ha hacer un inciso sobre su visión y su diseño exterior.

En su visión frontal observamos una gran parrilla delantera con acabado cromado que aporta ese toque clásico y sobrio que se busca en este modelo. A los flancos están los faros delanteros de nuevo diseño, ya que el S-Cross se ha visto ligeramente remodelado en 2017, que incluyen los intermitentes integrados y luces diurnas de tipo LED, además de que utilizan también este tipo de iluminación para las funciones principales.

El corte del paragolpes delantero es nuevo y cambió con el restyling, al igual que lo hizo al capó delantero que ahora es un poco más alargado e incluye sendas nervaduras que nos proyectan un sutil toque dinámico. En el paragolpes observamos detalles cromados en el contorno de las luces antiniebla y contiene protecciones para los bajos en plástico y con un aspecto bastante sólido y resistente. También nos llama la atención el gran sensor delantero cuadrado y muy visible, que influye en muchos de los equipamientos de seguridad de este modelo.

Si nos detenemos en el lateral, las proporciones del S-Cross son compactas, pero muy indicativas de que la versatilidad y usabilidad de este modelo está por encima de la media. Nos referimos a esa altura al suelo de 18cm que aunque no parezca, nos permite ciertas licencias fuera del asfalto. También observamos apliques en los bajos que protegen la carrocería de posibles arañazos o saltos de piedras y una distancia entre ejes bastante notable.

Y es que aunque estamos hablando de un vehículo con claros tintes de compacto, en realidad nos ofrece algo más y se posiciona como un crossover auténtico que suma esa polivalencia de uso en situaciones más agresivas. Los paneles de la carrocería no incluyen florituras ni trazos de diseño especiales sino que por su sobriedad, lo limitan a tener un perfil muy neutro con ligeros trazos ascendentes desde el frontal hasta la zaga, lo que nos sugiere e invita, a percibir una estética y unas magnitudes muy proporcionadas. Rematan esa vista unas bonitas llantas de 17 pulgadas y las barras del techo cromadas.

En la visión trasera, observamos una imagen bastante convencional y muy reconocible como un Suzuki, con unos pilotos grandes con iluminación Led, un paragolpes profuso con la luz antiniebla situada en el centro y protecciones para los bajos en diferente color y un buen portón de acceso al maletero muy cómodo, ya que su perfil no se nos queda muy elevado.

Una vez abierto, nos descubre un maletero solvente y muy aprovechado de 430litros, cuya base podemos colocarla a dos niveles y que cuenta con dos enormes huecos o cajones en los laterales, muy prácticos para dejar los objetos de más uso y que no anden desperdigados por todo el maletero. También dispone de luz de cortesía y tomas de 12V por si necesitamos enchufar algún tipo de aparato o nevera de viaje.

Las plazas traseras son grandes, mucho más que suficientes para que dos adultos se puedan acomodar sin problema dado que tienen buenas cotas tanto de espacio para las rodillas de anchura y de altura. Bueno; los más altos igual sí que se encuentran con el techo solar panorámico muy cerca de sus cabezas, pero es que la incorporación de este equipamiento en todos los coches resta algunos centímetros en esa distancia siempre. El acceso es muy cómodo y las puertas bastante grandes y con un gran ángulo de apertura.

Delante nos encontramos con dos asientos cómodos, aunque con poca sujeción lateral. No importa, ya que en el S-Cross lo que prima es el confort sobre todas las cosas y no está diseñado para «tramear» en un puerto de montaña a tumba abierta. La posición de conducción es elevada, pero sin llegar a serlo tanto como la que nos podríamos encontrar en un SUV y tampoco vamos de una manera más erguida, sino que nuestra posición se asemeja más a la de un vehículo compacto. Por otra parte, la visibilidad es óptima gracias a su gran superficie acristalada.

El cuadro de mandos, al igual que ocurre en toda la gama Suzuki, huye de cualquier tipo de floritura y de efectos especiales. Todo está muy bien situado, todo es muy simple de accionar e interpretar y a pesar de su extenso equipo de serie, correspondiente al acabado más dotado GLX, no supone ningún problema adaptarse a una posición de mando muy bien estructurada.

Los materiales utilizados son plásticos de diferente textura y tacto, con una calidad aparente, sólidos y con muy buenos ajustes. Pueden parecer plásticos básicos, pero en realidad no es así y es más; en el S-Cross me parecieron bastante más logrados que los que conocimos en el Suzuki Vitara. En ninguno de los dos caso son de baja calidad, ni mucho menos, y los ajustes y la solidez que nos transmiten están realmente bien.

La capilla de relojes analógica nos ofrece una información perfecta, con los dos relojes bastante grandes a los lados y la pantalla del ordenador de a bordo en el centro, con una gran legibilidad y a salvo de las incidencias de los rayos solares. Pero si hay algo que no pude comprender muy bien, es la posición del botón para cambiar la información que percibimos en ese ordenador de a bordo, ya que si en la mayoría de los casos nos encontramos con botones en el volante para ese menester, en el S-Cross (en el Vitara también) disponemos de una especie de solución de última hora, que emerge directamente de esa capilla de relojes y que es bastante compleja de acceder si estamos en marcha. Supongo que es un pequeño detalle que se les pasó por alto y que intentaron solucionarlo a última hora…, o no… Sea como sea; es lo único que puede ensombrecer a un cuadro de mandos muy ergonómico.

En la consola central, nos encontramos con la pantalla del equipo de infoocio táctil, compatible con Android Auto y Apple Car Play, con grafías muy simples y que ha sido diseñada para que sea muy sencilla de manejar de manera intuitiva. Está enclaustrada en un perfil en negro piano, que ya sabéis que es un atrapapolvo natural (no sé porqué) y dispone de algunas funciones táctiles en los laterales, como el volumen del equipo de sonido o el acceso simplificado a los diferentes menús. Esa solución de mandos táctiles no me acaba de convencer, ni en este ni en ningún vehículo, y puede llegar a provocar algún despiste en marcha. Debajo disponemos del sistema de climatización bizona, que funciona realmente bien, un hueco bastante grande para vaciar los bolsillos con una toma de 12V y en la base y en una posición muy accesible, los mandos de los asientos calefactados.

Como observáis, todo muy simple, fácil y sencillo, pero eso no implica a que nuestra unidad de pruebas sea básica. El acabado GLX es el más dotado en materia de equipamiento de serie e incluía asistente de frenada de emergencia, climatizador bizona, techo solar panorámico con cortina practicable eléctricamente, equipo de infoocio con pantalla táctil de 7 pulgadas, asientos delanteros calefactados, ordenador de a bordo, control de velocidad de crucero adaptativo y con limitador, control de presión de neumáticos, sensores de aparcamiento delanteros y traseros con cámara trasera, llantas de 17 pulgadas, luces delanteras LED, asistente de arranque en pendiente, apertura y arranque sin llave o Start/Stop entre otros elementos de seguridad y confort.

La mecánica es quizás una de las cosas que más me sorprendieron del pequeño S-Cross. Se trata de un 1.4 VVT de gasolina que arroja 140cv con un par máximo de 220Nm, asociada a una transmisión manual de 6 relaciones, con un accionamiento preciso y unas marchas muy bien escalonadas. También existe la posibilidad de adquirir el S-Cross con transmisión automática y tracción total, aunque siempre ligadas al acabado más dotado y al motor más poderoso.

Con esta configuración, el pequeño crossover compacto de Suzuki es capaz de alcanzar unas prestaciones muy coherentes como 200 Km/h de velocidad máxima, una aceleración de 0-100 Km/h en 9,5 segundos y un consumo ponderado en ciclo medio de unos 6,5 l/100 Km, lo que no difiere mucho del consumo real alcanzado en nuestra prueba dinámica.

Es un motor muy activo desde muy bajas revoluciones y tiene un rendimiento especialmente atractivo, para tratarse de un vehículo con estas características y con una mecánica relativamente «pequeña». La verdad es que combina muy bien con el peso y la configuración de este vehículo y, sin lugar a dudas, podemos concretar que será el motor más recomendable si realizamos viajes por carretera y hacemos un uso convencional diario.

Lo que más me agradó y sorprendió, a partes iguales, es su capacidad en materia de recuperaciones ya que, incluso en sexta velocidad, era capaz de mantener un rendimiento notable bajo cualquier circunstancia. También es bastante sencillo superar los límites de velocidad legales sin apenas darnos cuenta porque empuja muy bien desde abajo y la sensación de confort y silencio de rodadura está muy lograda, así que ojito con tener los pies de plomo.

En materia dinámica, también me pareció un vehículo mucho más apetecible que, por ejemplo, el Vitara que probamos hace unas semanas. La verdad es que no tengo muchas cosas malas que decir sobre aquel modelo, pero el S-Cross me parece una solución más equilibrada.

Su configuración de crossover y sus medidas, favorecen una mayor agilidad sobre asfalto en todo momento. De esta manera, su paso por curva es muy aplomado y la percepción de seguridad es muy elevada, con apenas balanceo de la carrocería y unas buenas sensaciones generales.

El esquema de suspensiones es de tarado blando aunque no rebotón, por lo que se nos asegura un confort de rodadura máximo sin comprometer a la seguridad del conjunto, absorbiendo a la perfección los rotos del asfalto y no dejando que se trasladen al habitáculo. También es notable el aislamiento respecto al exterior de ese habitáculo, lo que favorece una conducción muy relajada en los trayectos por carretera más largos.

Fuera del asfalto también podremos hacer nuestras incursiones, aunque sin que sean extremadamente complicadas. Su altura respecto al suelo nos permite circular con cierto brío por caminos de grava o un tanto agrestes, pero ya. La dirección es directa, aunque no nos transmite con fidelidad lo que ocurre debajo de los neumáticos y el sistema de frenos, parece que no acusa en exceso un uso continuado y no deberían sufrir un desgaste prematuro.

Sin lugar a dudas, el S-Cross me ha cautivado y precisamente, en apariencia, era un coche con el que no contaba que me podía provocar ese tipo de sensaciones. El tándem motor-chasis es delicioso y me ha gustado mucho el rendimiento general de este crossover japonés.

A pesar de no tener una estética rompedora, ni ser llamativo ni contar con los últimos gadgets tecnológicos del mercado, el S-Cross es un conjunto muy equilibrado, sencillo y versátil, con una mecánica que engaña y tiene un rendimiento excepcional y una calidad de rodadura y confort muy aceptable para tratarse de un modelo al que pocas veces se le tiene en cuenta. La verdad es que si os soy sincero, a mí tampoco se me pasaría por la cabeza como una opción, pero después de probarlo y dejarme con la boca abierta, he de decir que ya lo he apuntado en mi lista de favoritos.

Si queréis comprar un SUV compacto o un crossover compacto en breve, hacedme caso y no cometáis el error de no tener en cuenta a este modelo de Suzuki. Os sorprenderá.

Raul Manso Ortega

Raul Manso Ortega

Apasionado del mundo del motor desde niño, intento plasmar mis inquietudes en Motorproyect.es y Motorproyect.com, para informar sobre coches de una manera personal y con un toque de humor. Apasionado también, del mundo de la gastronomía o el estilo de vida, mi meta es llegar a ser algún día el Jeremy Clarkson español, pero sin ser tan idiota...

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