Prueba: Suzuki Swift 1.0 GLX

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Prueba: Suzuki Swift 1.0 GLX

17/10/2017 / 0 Comentarios / 354 / Pruebas
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El Suzuki Swift siempre ha sido un vehículo utilitario del segmento B que ha convencido y entusiasmado a todos sus propietarios. Y digo esto, porque he tenido la oportunidad de conocer a alguno y nunca he escuchado unas malas palabras sobre este atractivo, curioso y efectivo modelo.

Pero no sé si será por el desconocimiento general o por el miedo de la gente a probar cosas nuevas; digamos que el Suzuki Swift ha tenido un índice de ventas constantes, pero no relevantes, a lo largo de su historia.

Recientemente acaba de presentarse la nueva generación de este modelo y sin un cambio radical y manteniendo la imagen general y los trazos maestros de la anterior generación; nos muestra una visión mucho más refinada, actual y moderna, además de contar con una nueva mecánica y adquirir una gran dotación tecnológica, digna de modelos mucho más costosos y de segmentos superiores.

Con esta prueba quiero también saber, o intentarlo por lo menos, el porqué los posibles clientes no tienen en cuenta como una de sus primeras opciones a un vehículo, que a simple vista; parece una alternativa muy interesante dentro de su segmento.

La nueva generación nos llega con sustanciales cambios que lo diferencian de la generación precedente y hacen del Swift un auténtico lobo con piel de cordero, ya que a pesar de su discreta imagen de utilitario simpático y con una planta orientada al ámbito urbano, esconde un chasis muy juguetón y unas maneras de conducción muy dinámicas.

Para empezar, nos llama mucho la atención su carrocería alta, que redunda en un espacio y habitabilidad interior líder en su categoría. Pero lo que más nos interesa es la distancia entre ejes, muy desplazados hacia los extremos al más puro estilo MINI, lo que le confiere una conducción muy ágil en todo momento.

Pero empezamos con su imagen exterior, ya que el nuevo Swift recibe un nuevo diseño y depura sus líneas, pero sin perder la característica firma de la marca japonesa.

La visión frontal se nos muestra más afilada, con la incorporación de una nueva parrilla delantera, nuevos paragolpes rediseñados y unos faros más prolongados que además, incorporan las luces diurnas con tecnología LED, que en este caso, también se aplica en la iluminación principal.

Por otra parte, lo que más salta a la vista en el lateral, y ya lo hemos indicado antes, es la altura de la carrocería y sus formas relativamente cúbicas, que destaca entre sus competidores principales del segmento B, pero también su distancia entre ejes, ya que alcanza los 2,45 metros para un coche que no llega a los 4 metros, concretamente se queda en 3,84 metros de longitud.

Es un tamaño inferior al de la mayoría de competidores directos, que se barajan en torno a los 4 metros y dentro de la gama Suzuki se sitúa entre el Ignis y el Baleno, ambos testados anteriormente en esta publicación. De hecho; utilizan la misma plataforma.

En cambio, este hecho no implica a que su espacio interior sea reducido, ya que cuenta con una gran habitabilidad para que cuatro adultos puedan viajar cómodamente en cualquiera de sus plazas, tanto por altura, como por espacio para las rodillas o anchura.

Puede penalizar un poco en cuanto a capacidad del maletero, que con 265 litros no destaca entre la multitud. No obstante, es unos 50 litros más grande que el de su predecesor, con un espacio diáfano, muy cuadriculado y muy aprovechable, además de contar con una gran boca de carga.

Y ya que estamos en la zaga, también analizamos los cambios de esa zona, puesto que cambian los pilotos alargados de la anterior generación, por unos más convencionales y sobrios con tecnología LED. El paragolpes también es de nuevo diseño, pero se mantiene la luz antiniebla en el centro y el profuso alerón sobre el portón del maletero, aportando una nota deportiva a una carrocería discreta en la mayor parte de sus trazos.

Una vez nos incorporamos al puesto de mando, destacamos una construcción sólida pero poco vistosa, con plásticos, en su mayoría, de aspecto básico, pero con muy buenos ajustes. Es una nota predominante en todos los modelos de la marca japonesa y probablemente, uno de los aspectos a mejorar en futuras generaciones, aunque la verdad; tienen pinta de soportar muy bien el desgaste y el paso del tiempo.

La posición de conducción es muy buena, gracias a los ajustes tanto de los asientos como del volante y en muy poco tiempo, nos adaptaremos como un auténtico guante. Los asientos cuentan con un mullido blando aunque cómodo, y la sujeción en desplazamientos laterales es correcta.

El volante de nuevo diseño y con los mandos de la mayoría de los elementos imprescindibles de uso cotidiano, tiene un tamaño perfecto y la capilla de relojes, nos ofrece una gran información relevante e inherente a la conducción, con una pantalla central del ordenador de a bordo con innumerables menús y una gran visibilidad.

Podemos configurarla para que nos muestre información de los kilómetros, el consumo medio, la velocidad y todas esas cosas que nos vienen muy bien, pero también podemos visionar gráficas a tiempo real sobre las fuerzas G, la aceleración, la potencia utilizada o algunos de los elementos en materia de sistemas de seguridad y control, que nuestra versión GLX (la más equipada), traía de serie.

En el centro del salpicadero, observamos la pantalla táctil del equipo de infoentretenimiento, con una calidad de imagen decente, aunque  poco protegida contra los reflejos del sol, ya que no cuenta con ninguna “visera” ni nada por el estilo que evite ese pequeño problema los días más despejados.

Desde esta pantalla, podremos visionar diferentes menús, de manera muy simple y entre los que se encuentran la navegación, el equipo de audio o las imágenes de la cámara de visión trasera cuando insertamos la marcha atrás. Los mandos de la climatización se sitúan justo por debajo y tienen un buen tamaño y un funcionamiento muy sencillo e intuitivo, que nos permite accionarlos sin tener que desviar en exceso la vista al frente.

Arrancamos y ponemos en marcha al comprimido y competente 1.0 de tres cilindros y 110cv. Es un motor de nuevo diseño que nos ofrece una gran respuesta a bajas y medias revoluciones, aunque penaliza un poco en recuperaciones, ya que hay que acudir a la caja de cambios manual de 5 relaciones, si no llevamos al Swift en la “zona dulce”.

Se caracteriza por tener un funcionamiento suave y progresivo, ayudado en las aceleraciones desde parado por un sistema eléctrico que cuenta con una pequeña batería. Esta batería se recarga por medio de la frenada regenerativa y también nos sirve para alimentar los diferentes sistemas eléctricos mientras estamos parados en los semáforos, gracias al sistema Start/Stop, que por cierto, funciona de una manera muy suave y muy poco perceptible.

El nuevo motor tricilindrico da lo mejor de sí en un ámbito urbano, con salidas fulgurantes desde parado y procurándonos una buena aceleración y respuesta desde muy abajo. Sus prestaciones finales tampoco están mal, teniendo en cuenta el tipo de vehículo que es, y el pequeño Swift es capaz de realizar el 0-100 Km/h en 10,6 segundos y alcanzar los 195 Km/h de velocidad punta.

La dirección es ligera, pero muy comunicativa, por lo que siempre sabemos lo que ocurre debajo de los neumáticos. Este hecho, unido a su reducido diámetro de giro y a sus compactas medidas, hacen del utilitario japonés un auténtico urbanita, ágil y versátil en un entorno para el que ha sido diseñado.

En otro tipo de carreteras, bien sean autopistas o nacionales de doble sentido, nuestro Suzuki tampoco desmerece y nos ofrece una conducción muy activa y confortable en términos generales, aunque bien es cierto, que una vez superamos las 4.000rpm y yendo a velocidades medias entre 120 y 140 Km/h, los ruidos aerodinámicos se hacen más patentes en el interior.

A velocidad constante, se nos muestra como un coche solvente, con un consumo en ciclo mixto de 4,3 l/100 Km y un agradable funcionamiento, que favorece un confort interior muy logrado y una gran seguridad para los pasajeros, condicionado también por el gran equipo de serie que el GLX, objeto de nuestra prueba, nos ofrecía.

Como elementos destacados, contábamos con navegador, asistente de arranque en pendientes, ordenador de a bordo, asientos calefactados, asistente de luces, aviso de cambio involuntario de carril, sensores de aparcamiento traseros con cámara, llantas de 16 pulgadas, equipo de infoentretenimiento con pantalla táctil y conexión a Smartphone, climatizador automático, frenada predictiva en ciudad, control de velocidad de crucero adaptativo con limitador, Bluetooth, alerta de cansancio, control de presión de neumáticos o apertura y arranque sin llave, entre otras cosas.

Pero si en autovías y carreteras en buenas condiciones el Swift es un coche correcto, cómodo y coherente; si la cosa se nos “complica” y nos atrevemos con una zona revirada, un asfalto roto y una carretera más técnica en la que nos queramos divertir, el pequeño utilitario japonés nos ayudará a pasar un buen rato a los mandos.

Su esquema de suspensiones cuenta con un tarado bastante firme, que no penaliza el confort, pero que contiene muy bien las derivas laterales de la carrocería en los virajes más rápidos o cerrados. La inmensa batería de soluciones electrónicas en favor de una mayor seguridad, no son extremadamente intrusivas (con excepción del aviso de la frenada predictiva, en caso de detectar un posible accidente por alcance), lo que nos permite realizar una conducción relativamente deportiva sin mayor problema.

El pequeño Suzuki tiene unas reacciones muy previsibles y dosificables y tan sólo en el momento que nos hayamos excedido en su conducción, nos puede presentar un pequeño subviraje que podremos corregir de una manera natural y sin estrés.

Hay que tener en cuenta, que esta base (por lo menos la de la anterior generación) se ha utilizado para configurar coches de rallyes y de hecho; existe una copa monomarca Suzuki Swift, por lo que en términos generales se trata de un vehículo muy ágil y divertido en las situaciones más complejas.

Puede pareceros el típico coche de “chica” pero nada más lejos de la realidad. El nuevo Swift nos ofrece una gran conducción en cualquier tipo de ámbito.

En ciudad es ágil y sus medidas contenidas favorecen y facilitan el aparcamiento y la movilidad entre el tráfico. En carretera y a un ritmo constante, es solvente, seguro y cómodo y si nos queremos divertir en un puerto de montaña; es extremadamente efectivo y aplomado en curva, con unas reacciones muy previsibles y muy divertido de conducir.

Por otra parte, su diseño ha mejorado y se ha actualizado sin perder la identidad propia de la marca y el enorme equipo de serie con el que cuenta, tanto en materias de confort, como de ayudas en la conducción; es un valor añadido que nos abre más las puertas para conocer a un perfecto desconocido que apunta maneras. A mí me ha convencido. ¿Y a ti?.

Prueba ofrecida gracias a la colaboración de:

Raul Manso Ortega

Raul Manso Ortega

Apasionado del mundo del motor desde niño, intento plasmar mis inquietudes en Motorproyect.es y Motorproyect.com, para informar sobre coches de una manera personal y con un toque de humor. Apasionado también, del mundo de la gastronomía o el estilo de vida, mi meta es llegar a ser algún día el Jeremy Clarkson español, pero sin ser tan idiota...

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